german translation english translation france translation

YO SOY CASA DE ACOGIDA, ¿Y TÚ?

Cuando te plantean la posibilidad de ser casa de acogida, son varias razones las que te impiden encomendarte a esta buena labor: “ yo no soy capaz de tener a un animal temporalmente, porque luego me encariño con él, y cuando se vaya qué”, “en mi casa no tengo sitio”, “ yo no tengo tiempo de atender a otro perro”, “es que el perro pasaría mucho tiempo solo, porque yo no tengo tiempo”, “yo tengo dos perros y ya no puedo con más”….excusas, excusas, ¡¡EXCUSAS!!!,  y ¿por qué no? También egoísmo, si, si, egoísmo puro, porque pensamos en uno mismo, en lo que vas a sufrir cuando el animal se vaya de tu lado, pero ¿y por qué no piensas en él o ella? ¿qué estará mejor, en la calle, pasando frío, hambre de cariño, de amor, en una perrera, o contigo, en tu casa?, entonces, ¿de verdad quieres luchar por el bien de los animales?.

Todo aquel, que crea estar en esta situación, que medite, que se haga estas preguntas, a ver cuál es el resultado de esa reflexión.

No es que yo, por ser casa de acogida, sea más buena, o haga más que otros u otras, no, porque esas mismas excusan llenaban mi cabeza antes de ser partícipe de esta ruleta del amor, si, ruleta, porque igual estás super contenta por la evolución de tu animal de acogida, e igual no puedes parar de llorar porque ya se ha ido.

Estas excusas que impedían que comenzara el juego, se fueron al carajo, por culpa de Nora, cuando la vi, esa barrera que hacía que cuidase mi bienestar emocional, que fomentaba mi egoísmo, saltó por los aires, cuando sus profundos ojos de color marrón tristeza me miraran implorándome, suplicándome ayuda. Esos ojos eran de Nora, mi primera acogida.

Me avisaron que una perrita se encontraba abandonada en un polígono. Un día, por mera curiosidad, pasé  para ver si la veía, y si, allí estaba, en un rincón acurrucada, delgada, sucia, temerosa. Me bajé del coche, me acerqué, la acaricié, pude sentir bajo mi piel su angustia, su soledad, su desesperanza….me quedé mirándola un buen rato…., y me fui, allí la dejé, sin más, sin mirar atrás, me marché.

Durante todo el día me rondaron las famosas excusas (“dónde la meto”, “no tengo sitio”,  “es que con dos perros ya tengo bastante”…), que se convirtieron en  dardos que mitigaban mis deseos de proteger a aquel animal.

Pero no me pude resistir, al día siguiente mandé a paseo mis excusas, y fui a buscar a mi Nora, a salvarla de aquel infierno.

Allí estaba, esperándome, cuando me vio movió su rabo, pareciera que sabía que volvería a buscarla. Le abrí la puerta del coche y se subió sin más, no hubo que obligarla, ni atarla, ni nada, simplemente la perra sabía que aquella puerta era el camino a una vida mejor.

Lo que pasó después, fueron sentimientos y emociones encontradas: A los pocos días de estar conmigo, de darle mi cariño y amor, el mundo de Nora era yo, cada vez que me veía, me abrazaba, literalmente, y lloraba, pero pronto la tristeza de sus ojos fue desapareciendo, dejando paso a una claridad rebosante de alegría, era inexplicable. Nos convertimos en las mejores amigas, yo le ofrecía lo poco que ella necesitaba y a cambio ella me entregó su vida. Su gratitud no tenía final, me idolatraba, me amaba, yo le daba solo una escasa décima parte de mi tiempo, y ella se sentía en el cielo a mi lado.

Sin embargo, jamás pasó por mi mente la posibilidad de quedármela, siempre tuve presente que su estancia conmigo era temporal, que debía buscarle un hogar donde le pudieran ofrecer todo aquello que yo no podía, porque aunque para ella era suficiente, para mi, no. Aquel ser tan bondadoso se merecía más, había sufrido demasiado, era hora de que conociera el calor y el refugio de una familia verdadera.

Esa hora llegó, apareció la nueva familia de Nora, y no voy a negar que se me rompió el alma, no voy a mentir diciendo que cuando se fue me quedé tan tranquila, porque no fue así, no. Me quedó la alegría de saber que la había salvado de aquel mundo cruel, que conseguí que olvidase tanto dolor y tanta soledad, que le di mucha felicidad, y que yo también fui feliz con ella, pero más feliz y orgullosa me sentí cuando su familia me envió las primeras fotos, y pude ver cómo brillaban sus ojos, cómo había desaparecido aquel halo de desesperanza. Aun siento ganas de llorar al recordar aquel momento, había conseguido dejar de lado mi temor a sufrir por su ausencia, había conseguido saltarme todas esas absurdas excusas, había salvado una vida.

Después de Nora, vinieron otros: Turco, Dinio, Tania, Cara, Yola, Trico…., y se que vendrán otros muchos más, porque esto de la acogida es como un vicio, necesitas en tu cuerpo la sensación que te deja haber contribuido a la felicidad de los animales, y os aseguro que no puedes parar, porque el ser humano nació para sentirse bien consigo mismo, y mi forma de conseguirlo es ofreciendo un poquito de vida, a aquellos que te ofrecen su vida a cambio.

By eNi

volver